Las palabras valen oro

Vivimos en una época donde los medios de comunicación son numerosos, donde la información es instantánea. Los datos viajan tan rápido que a veces perdemos la orientación y, en algunos casos, nuestra identidad cultural. En este mundo bipolar donde solo razonamos en cuotas de mercado, las palabras valen oro.

Las empresas a veces tienen problemas para saber qué idioma hablar cuando su negocio está creciendo a nivel internacional. Sin embargo, todos están de acuerdo en que los idiomas desempeñan un papel importante en el comercio: penetrar en los mercados, tener contactos efectivos con proveedores o, simplemente, conocernos o promover nuestra apertura al mundo. Esta habilidad de bajo valor es una parte integral de lo que somos, nuestro ADN, lleva nuestros valores, pero también los de nuestras organizaciones.

Muchas veces hacemos «bricolaje” recurriendo a empleados diciéndose bilingües o a herramientas de traducción como Google Translate, por facilidad o por razones económicas, mientras que el idioma sigue siendo un criterio de diferenciación, que transmite el pensamiento y la cultura de la empresa, considerando que una expresión oral u escrita deficiente no impide la venta de un producto.

Las empresas del futuro tendrán que gestionar equipos multiculturales y, a medida que el idioma unifica y desune, parece importante incluir la lingüística en la estrategia de desarrollo de una empresa como un proyecto completo, para planificar, coordinar, Estructurar una internacionalización, pero también en la gestión de la vida cotidiana.

Los traductores tienen un papel importante para jugar en el mundo del futuro. Al centro de la aldea global, ellos son la bisagra entre las lenguas, los pueblos y las civilizaciones.

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